Violencia doméstica opaca el realojo de sirios

05/Feb/2015

El País, Gabriela Cortizas

Violencia doméstica opaca el realojo de sirios

El
testimonio de un integrante de la comunidad marista confirmó las sospechas. Un
hermano marista —comunidad que acogió a los refugiados durante las primeras
semanas— dijo a El Observador que vio en varias oportunidades cómo un hombre
sirio golpeaba a una mujer. Según el testimonio, el religioso detuvo al hombre
quien, enfurecido, solicitó irse a un país europeo. Esta versión coincide con
información publicada por El País en diciembre, cuando se dio cuenta que uno de
los refugiados planteó al gobierno su deseo de radicarse en Europa antes de fin
de año, cosa que no sucedió.

Aunque la
comunidad marista uruguaya negó ayer estos casos de violencia, no es la primera
vez que surgen versiones sobre maltratos entre sirios.

El
diputado blanco Pablo Abdala dijo, por su parte, que le informaron «de
primera mano» sobre casos de violencia entre los refugiados.

«Me
han llegado versiones de que ha habido situaciones de violencia doméstica y
que, inclusive, esa violencia doméstica no sería solo sobre las mujeres sino
que, eventualmente, habría recaído sobre alguno de estos niños», manifestó
el diputado nacionalista.

«Me
llegaron informaciones que dan cuenta de la fractura de un brazo de un niño de
siete años», agregó. «Estoy intentando corroborarlas,
profundizarlas», agregó.

El País
recibió información de que uno de los niños refugiados sirios había concurrido
al Hospital Pereira Rossell por lesiones en un brazo.

«Es
muy grave que haya violencia doméstica. Y el problema es que el Estado, en
conocimiento de los hechos de violencia doméstica, no intervenga o no active
los mecanismos que tiene que activar», dijo Abdala.

Oficial.

Las
versiones manifestadas por varios actores del gobierno sembraron desconcierto
sobre la situación de los refugiados.

Mientras
el presidente José Mujica volvió a hablar ayer de que estas situaciones se dan
por problemas culturales entre sirios, el prosecretario de Presidencia, Diego
Cánepa, dijo que «no constan denuncias directas ni de vecinos» sobre
casos de violencia doméstica. Sin embargo, luego aclaró: «cuando hubo
presunción por las características personales de algún jefe de hogar, se
procedió a alertar a la Policía Comunitaria y a las ONG especializadas que
están ubicadas en los medios inmediatos a donde residen las familias y que
están trabajando en este plan de inserción».

Dijo que
«si hay denuncias, se tienen que comprobar», y que en Uruguay la
violencia doméstica «es un delito» y que las familias sirias también
«tienen que estar sujetas a las leyes nacionales» como los uruguayos.

La
senadora y candidata a la Intendencia de Montevideo por el Frente Amplio, Lucía
Topolansky, también opinó sobre el tema, y dijo a El Observador que «sabía
que había algunos problemas. Las familias tienen un potencial masculino muy
fuerte y la mujer se siente muy desamparada».

El
canciller Luis Almagro, por su parte, dijo desconocer si existe violencia
doméstica entre los refugiados y solicitó un informe sobre el comportamiento
que han mantenido en el país.

«Hemos
pedido un informe sobre el asunto ya que nos enteramos por la prensa de esta
supuesta situación», afirmó Almagro ayer al ingresar al Congreso de
Ministros.

La
Institución Nacional de Derechos Humanos explicó en un comunicado que dará
seguimiento al pedido de informes de Almagro, aunque hasta el momento no
recibió denuncias ni intervino en la llegada de los refugiados.

El
director de la Institución, Juan Raúl Ferreira, dijo a título personal que el
organismo tiene facultad para investigar de oficio y lo debe hacer.

Fuentes
de Cancillería manifestaron desconocer la situación interna de los refugiados.
En tanto, El País intentó comunicarse con los encargados del realojo de los
sirios, la Secretaría de Derechos Humanos de Presidencia, sin éxito.

Apenas
iniciada la próxima legislatura, Abdala convocará a la Secretaría de Derechos
Humanos y a la Institución Nacional de Derechos Humanos a comisión para
analizar la situación de las familias sirias.

Sin
distinción.

«Esto
es una cuestión de derechos humanos. No es una cuestión del país. Así está
considerado en convenciones y tratados internacionales. No hay cultura que
justifique la violación de derechos y menos aún la violencia», dijo a El
País sobre el tema la activista feminista Lilián Abracinskas.

Explicó
que, si bien no tiene confirmada la existencia de violencia doméstica entre los
refugiados sirios, en caso de que se confirmaran las versiones la Justicia
deberá tomar cartas en el asunto.

«La
postura que se va a tomar es la misma para cualquier caso de violencia
doméstica. Nada lo justifica, nada lo atenúa. El delito es el delito y las
autoridades tendrán que tomar las medidas correspondientes para
intervenir», explicó la activista.

Abracinskas
dijo que le consta que las familias fueron informadas sobre las costumbres
uruguayas y que se les advirtió que la violencia doméstica en Uruguay
constituye un delito.

Hussein
Alali Alfleg, sirio que oficia de traductor y acompaña en el día a día de los
refugiados, dijo no estar al tanto de situaciones de violencia doméstica.

Los
refugiados son acompañados, además, por psicólogos y asistentes sociales.

«Cualquier
sicólogo, asistente social o funcionario que haya intervenido en conocimiento
de un delito y sin denunciarlo, puede configurar en sí mismo en un
delito», sentenció Abdala.

Mujica:
“No estamos dispuestos a estar de brazos cruzados”

El
presidente José Mujica dijo en diciembre que los refugiados sirios que
arribaron a Uruguay “hacen demasiadas cosas como las que hacían nuestros
abuelos”. “Tienen algunas costumbres que nuestra tradición y nuestro sistema de
derecho no”, había dicho en ese momento.

Ayer,
consultado sobre la llegada del segundo grupo de refugiados que estaba prevista
para estos días, volvió a hablar en el mismo sentido. “Mi sueño es que vengan
gurises y madres”, dijo a la prensa.

El
presidente se muestra reacio que más sirios, adultos y hombres, arriben a
Uruguay. Y el gobierno ya manifestó que existe un cambio de planes respecto a
la llegada del segundo grupo.

Según
Mujica, no le consta que hayan ocurrido casos de violencia doméstica dentro de
las familias que llegaron a Uruguay en el primer contingente el 9 de octubre.

“Nosotros
no tenemos problemas concretos, denuncias concretas ni nada por el estilo. Lo
que existe es información global de formas culturales de otras partes del
mundo. Como en Siria, las relaciones del hombre con la mujer”, dijo el
mandatario.

El
presidente se mostró, como en otras oportunidades, preocupado por las
costumbres que culturalmente traen los refugiados. “No tenemos comprobación de
ninguna violación desde ese punto de vista pero nos preocupa porque hemos
averiguado hasta el cansancio ciertas cuestiones”, dijo.

“Una cosa
es tener amplitud religiosa -somos muy abiertos, el país más laico de América
Latina- pero hay ciertas cuestiones que no estamos dispuestos a negociar. En
Uruguay no estamos dispuestos a estar de brazos cruzados si los hombres les
pegan a las mujeres”, puntualizó Mujica.

Consultado
sobre el arribo del segundo grupo, Mujica dijo que no es contrario al arribo de
nuevas familias, pero estas tendrán que tener seguridad.